Es detestable esa avaricia espiritual que tienen los que, sabiendo algo, no procuran la transmisión de esos conocimientos. Miguel de Unamuno

4 de abril de 2016

¿Nos comunicamos?

Mientras me detengo en un semáforo camino al colegio desvío la mirada hacia mi copiloto, que viene muy entretenido escribiendo por el celular, chateando, quizás con los mismos compañeros con los que dentro de pocos minutos se va a encontrar.
Y en breves segundos mi mente empieza a plantearse algunas preguntas que se pierden en el cambio de luz, porque hay que continuar y estar pendiente del trayecto y la selva de asfalto que hay que atravesar.
Sin embargo, parece que hoy es el día para el tema. Otros documentos debo revisar que muestran un flujo de datos, una conversación en el tiempo y otras de manera instantánea, diferentes niveles y formas de conversación escrita: un intercambio de correos que podría parecer de manera inmediata y sin embargo lleva en sí mismo un espacio de tiempo para la respuesta y un nivel de mensaje con un mayor detalle; otra conversación que se va dando con palabras que fluyen en una respuesta inmediata y otra donde las respuestas parecen ser inmediatas, pero toman sus minutos en ser respondidas.
Los tiempos nos llevan a mantener una conexión. La tecnología avanza para ir permitiendo que esto suceda, cada vez con mayor facilidad.
Las preguntas son variadas. Qué tanto nos estamos comunicando? Qué tanto nos estamos entendiendo? Hasta donde estamos dispuestos a llevar la conversación? cómo aprovechamos el uso de los conocimientos, las ideas, el buen uso de la ortografía, la entonación que no se escucha, se lee, la percepción del mensaje, las emociones que expresamos?
Hablamos más con los dedos que con la voz. A mi en lo particular me gusta escribir, con lo cual la conversación escrita me fascina. Sin embargo no siempre tengo la expresión adecuada ni tampoco tengo la respuesta esperada. Por múltiples razones se dan las diferencias, quizás la misma naturaleza de cada cual, hombres y mujeres, hace que las ideas se perciban de manera diferente. O no contamos con el mismo nivel de manejo del lenguaje.
Entonces me preocupan las relaciones que estamos formando, las emociones que estamos expresando a partir de la comunicación que estemos manejando.
No hay una voz que muestre niveles de sensibilidad, la risa, la rabia. No hay una mirada que revele sentimientos, pasiones, verdades.
Hacen falta más encuentros. Más roces que nos permitan reconocernos. Complicidades compartidas, diferencias conciliadas, secretos que se susurran. Muchas veces creemos que nos conocemos pero no es cierto.

Necesitamos mirarnos a los ojos, aprender de la confianza que da la luz que sale del alma, reconocer el timbre de voz, los altos, los bajos, las pasiones con ronquera, la risa fuerte y la sonrisa. Crear lazos que realmente nos unan, no permanecer solo en lineas espaciadas o en ¨rayitas abajo¨ o asteriscos.  Quizás no soy el mejor ejemplo para la promoción de los encuentros, pero admito que tiene mucha relevancia, más allá del simple hecho de compartir, es reconocerse y vincularse.

2 comentarios:

María margarita Ferreira dijo...

Concuerdo con tu escrito, la comunicación es clave, a veces nos envolvemos en lo cotidiano y vamos perdiendo la noción de lo importante que es compartir con la familia, compañer@s de trabajo, excompañer@s con quienes hemos compartido momentos importantes. Muy bueno tu escrito!!

Pedro Bacca dijo...

Volvieron las letras a tus dedos, y lo celebramos. Interesante tu escrito que navega entre el encuentro apasible en conversacion amena, ante la brevedad que impone las novedosas (aunque ya no tanto) formas de comunicacion, que se han constituido en intereesante desafio para las personas como yo, migrante digital. En este contexto me gusta imaginar los gestos y expresiones contenidas en esas brevedades.

No dejo la de extranar, y anorar la emocion que produce recibir una carta a vieja usansa.

(disculpas por la falta de acentos y enes, no quieren aparecer, capricho de ellas y, hay que dejarlas)