Es detestable esa avaricia espiritual que tienen los que, sabiendo algo, no procuran la transmisión de esos conocimientos. Miguel de Unamuno

7 de diciembre de 2016

LA MEMORIA DE LOS SABORES

Hay ciertas comidas que dejan una huella en el paladar, un sabor a especias, una combinación chispeante o un recuerdo de las manos que la prepararon. 
Hay ciertas bebidas que nos impactan y nos permiten recordar mezclas, marcas y momentos especiales en los cuales fueron degustadas.
En una conversación durante el almuerzo en la oficina, uno de mis compañeros puso su mesa y miró la comida con curiosidad, no duda, no desanimo, curiosidad. Con alguna frecuencia compartimos lo que hemos preparado si es que coincidimos y pude notar la diferencia en su rostro.   Empezó a probar la comida y le pregunté si estaba bien.  Su respuesta me dio la inspiración para este artículo.  Me dijo que el arroz parecía al que le cocinaba su esposa pero que él sabía que no había sido ella la que preparó la comida, había sido la asistente que va a la casa varias veces a la semana.  Le reclamé pensando que estaba desacreditando lo que su esposa había cocinado, a lo cual se negó, indicando que a lo que se refería es que el brillo, la textura, el punto de sal, todo en su conjunto le hacía notar la diferencia. Su paladar podía notar la ligera diferencia aunque en ese momento se parecían bastante.
Y empecé a buscar en mis recuerdos aquellas memorias de sabores que han sido relevantes para mi.
A pesar de que soy cocinera en búsqueda constante de nuevos elementos, nuevas combinaciones, ingredientes más saludables, algunos retos, siempre quedan de manera especial en el paladar algunos sabores de ciertos platos, no obstante se hayan realizado al pie de la receta (lo cual difícilmente es mi caso). 

Escribiendo y recordando lo primero que llega a mi mente es el aroma y el sabor de una rica habichuela roja guisada. No importa lo exquisito que pueda ser tu menú cotidiano, el aroma del sofrito de una habichuela es completamente reconocible a distancia y por su aroma también se puede deducir lo rico que puede quedar. Quizás también porque a diario cruzo por una calle donde preparan la ¨comida del día¨ de un comedor,  y muy temprano en la mañana ya están guisando las habichuelas.


Otro sabor que ahora recuerdo con mucho placer fue durante un viaje a España, en la casa de la amiga de una amiga la cual pasamos a saludar, nos prepararon unos ricos hongos rellenos de prosciutto y queso. Ese sabor lo he querido replicar en varias ocasiones y aún no siento que es el mismo que en aquel momento compartí con mi amiga María. Era algo entre el sabor típico de los hongos, mezcla de ahumado con una textura húmeda y suave,  combinado con lo salado del prosciutto y lo cremoso del queso.  Unas finas virutas de cilantro por encima le daban el toque de aroma y color. La memoria va más allá del paladar, entra en conexión directa con los aromas y la presentación.


Y qué decir de las bebidas para la cual hay cursos y talleres que nos permiten diferenciar los ingredientes, enseñar el paladar y poder registrar aquellos sabores que más nos gustan. Tanto en el vino como en el whiskey o el whisky, que para los fines termina siendo lo mismo aunque para los defensores de su autenticidad existe una diferencia, siempre hay unos ingredientes base y luego los que se agregan para crear una bebida diferente.

Los ingredientes que nos traen los vinos casi siempre son los mismo, pero ahhh, las combinaciones son las que marcan la diferencia.  Entre los vinos con una fuerte mezcla de frutas del bosque, los muy maderosos, notablemente maderosos, los dulzones o aquellos que dejan el picor característico de la pimienta, lo realmente sabroso siempre depende del gusto personal.  Me queda claro y siempre lo he dicho, ningún vino es el mejor, el paladar es el que dice cual te gusta más y cuando lo descubres, ese es el mejor vino. 

Me resulta mucho más difícil el reconocimiento de los sabores mezclados en las bebidas de colores, esas que llevan mezcla de licores y alcoholes combinados con frutas o hierbas. Si tienen muchos ingredientes confunden mi paladar y además emborrachan más fácilmente. Esas las respeto. Prefiero una combinación de pocos elementos, una margarita de fresa o un mojito de chinola, dos o tres ingredientes reconocibles. Esto solo así en el caso de este tipo de bebidas.
Qué podemos decir del del whiskey. Comenzando por el hecho de que no se debe combinar con nada, ni siquiera hielo, para poder sentir su fuerza, el tipo de madera en que ha sido añejado, la combinación de las diferentes maltas, si es que la tiene, o la diferencia con aquel que es de una sola malta (mi elección). 

Hay que detenerse a identificar en cada trago, en cada mordida, todos esos elementos que hacen mas sabroso aquello que estamos degustando, aún en la comida de cada día. Y hay que agradecer por cada bocado que podemos ingerir.

Tengo unos amigos muy especiales con aires de sibaritas pero muy aplatanados que siempre están en la disposición de probar sabores nuevos, de inventar nuevas combinaciones tanto de la bebida como de la comida y entre ellas a su vez.  Ajustados a las condiciones económicas y a la capacidad adquisitiva y disponiendo de mucha creatividad para sustituir algunos elementos por otros, estos amigos han podido ir creando su memoria colectiva de los sabores.  A veces no logran decirme la marca de una bebidad que les gustó mucho, porque ¨solo recuerdan que les gustó muchísimo¨, pero se les olvidó como se llamaba la bebida.  Normalmente para la comida les queda claro los sabores, las combinaciones y las preferencias. Lo extraño es que toda la comida que comparten les gusta y estarían dispuestos a repetirla, pero están todavía mas dispuestos a probar cosas nuevas.  Y me parece que en ese sentido ahora sirven de mucha ayuda esos videos que andan circulando por nuestras redes de diferentes grupos: con ingredientes de fácil acceso, con poco tiempo de preparación, con facilidad en las recetas. Ha servido para motivar a mucha gente al uso de las dotes culinarias, muchas veces oculto, pero en su mayoría latente.

Lo importante de prestar atención a estos videos o recetas, de tomar el tiempo para comprar los ingredientes necesarios y prepararlos, es lograr que todos los que prueben esos alimentos, o las bebidas, tomen su momento para identificar sabores y crear su memoria selectiva. Lo mejor, enlazar ese placer con las personas y el momento en que se está compartiendo, porque mejor aún, es poder compartir lo que tenemos.



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