Mostrando las entradas con la etiqueta #storyteller. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta #storyteller. Mostrar todas las entradas

TRATANDO DE LEER SU MENTE

Recientemente los algoritmos me han inundado las redes que utilizo con videos de mascotas y sus expresiones ante situaciones o palabras y me recordaron una reflexión que tenía pendiente: cómo se puede entender o suponer cuales son los pensamientos de las mascotas frente a circunstancias especiales de la convivencia.  Desde el pasado año vengo reflexionando en torno a ese tema. 

¡Ha sido abrumadora la cantidad de videos y las expresiones encontradas, los movimientos de los ojos, la atención, sonrisas o ladridos, los pasos!

 

En el pasado tuve dos perros y un gato y había un entendimiento entre nosotros que me permitió establecer suposiciones sobre el desenvolvimiento y desarrollo de ellos, sus respuestas, pero en ese momento también muchas otras cosas ocupaban mis pensamientos y no podía dedicarme por completo a reconocer todas sus capacidades.

Admito que debí haberlos disfrutado un poco más, o como diría ese famoso nuevo filósofo de la música, "debí haber tomado más fotos".  Ellos no llegaron para mi pero terminaron ocupando mi atención  y cuidados. 

Una perra poodle, un perrito chiguagua y un gato. Para educarlos utilicé la misma técnica con la que a su vez me educaron y la misma que transmití a mis propios hijos, se dejaban claras las reglas y luego solo bastaban dos palabras mencionadas con firmeza o una mirada y quedaba entendido.  La poodle era obediente, serena, cuando yo decía que era suficiente ella simplemente se bajaba de mis brazos y se quedaba recostada a los pies, no sucedía lo mismo con el travieso chiguagua, al cual había que hablarle con firmeza y un par de veces más para que entendiera.  El gato era un alma libre, sabía que había límites y los respetaba, pero por lo demás iba y venía. Todos tenían claro cual era su lugar, sala de estar, terraza, patio y el pasillo que iba hacia la cocina y donde se colocaba la comida para ellos. Por más emoción que hubiera al momento de llegar al hogar, no podían entrar a la casa y mucho menos subirse a los muebles y por eso lo primero que yo hacía al entrar era ir hasta donde estaban, saludarles y acariciarlos.

Muchas veces podemos interpretar sus pensamientos por la forma en que responden, las expresiones nos enseñan que es un tipo de lenguaje que también podemos interpretar, los movimientos en el rostro, combinación de ojos con el movimiento de la boca o con el gesto del cuerpo. La mirada, además de la posición de los ojos, tiene mucho que decir, lo mismo que sucede con las personas.  Yo he tenido que hacer el ejercicio de controlar las expresiones de la cara, que me salían sin filtro y evidenciaban lo que estaba pasando por mi cabeza, incluso con la mascarilla en tiempos de pandemia.

Solo hay que detenerse un momento, prestar atención y entender esos gestos que dicen sin palabras lo que están sintiendo, si acaso lo que podrían estar pensando, algo así como leer las mentes y de paso dar amor y recibirlo.


NOMBRES QUE INSPIRAN

Me quiero referir a la sensaciones que producen el nombre de una persona.

Es bien conocido el impacto que tiene el nombre de una persona, tanto en si misma, en sus acciones y forma de actuar como en la respuesta de los demás. El concepto fue llamado Determinismo Nominativo y surgió como hipótesis en una publicación de la revista New Scientist en el 1994, donde se mencionó que en varios estudios realizados por investigadores, sus apellidos tenían una vinculación directa a los temas que estaban planteando.

En las constelaciones familiares, heredar el nombre de un ancestro proporciona una carga energética importante y dependiendo de la forma en que actuaron estos ancestros y sus decisiones, ese energía es transmitida a aquellos descendientes que fueron nombrados de igual manera. Es como un sello, un compromiso adquirido. 

Haciendo oración me surgió la inquietud sobre este tema y me llevó  a reflexionar sobre un personaje trascendente al cual se le reconocen dos nombres, uno antes y otro después: Jesús, al que quizás por el hecho de reconocerle sabemos que su nombre tiene esa energía que inspira esperanzas, sonrisas, un viento fresco. Sin embargo, el mismo personaje pero con el nombre de Cristo, nos recuerda con dolor profundo, con tristeza, los padecimientos que soportó antes de morir en la cruz. Al final decidí mencionar en mis oraciones a Jesús, por tanto amor que entregó, para enseñarnos a creer, a ser solidarios y a amar.

Y si por la misma línea seguimos buscando, junto a Cristo encontramos a Judas, que si bien han aparecido textos que nos presentan una versión sobre su papel en la crucifixión diferente de la que originalmente conocíamos, no deja de llevar el estigma del traidor. Es tan evidente la influencia del nombre en el rechazo, que para hacer una diferenciación en los evangelios, se reconoce a otro Judas agregándole su segundo nombre, Tadeo, pariente de Jesús y uno de los doce apóstoles.  

Para esa misma época y en esa misma región era bien conocido que las personas vinculaban su nombre a su profesión, José el carpintero, Pedro el pescador, y estas profesiones terminan siendo sus apellidos.

Pero volviendo a los nombres y su influencia, hubo una época en la que mucha gente tomaba como referencia el Almanaque Bristol para asignar los nombres a los recién nacidos, consultando las efemérides, principalmente las religiosas. De ahí que por muchas generaciones encontremos personas celebrando su onomástico en la misma fecha en que se celebraba a algún santo, mártir o prócer.  Y la gente siente que una persona que se llame Altagracia, como la virgen, o algún Simón Bolívar, como el Libertador Suramericano, tiene que ser buena persona, o valiente.  También el origen del nombre, su etimología, busca asignarle cualidades a esa persona. Hay países en donde la combinación de caracteres, la forma en que se escriben y su significado son tomados en cuenta al momento de nombrar a una persona.  

Soy de las que creen que el bebé en el vientre te guía hacia el nombre que espera tener. Así me pasó con los míos, me dejé guiar por el mensaje que me transmitieron, ya sea a través de sueños o al escuchar un comentario o conversación, repetir ese nombre en voz alta y dejarme llevar por la vibración. 

Y no puedo dejar de mencionar en la asignación de nombres, como colofón, el tema muy comentado sobre los nombres que están vinculados a personajes extranjeros, de naciones con idiomas diferentes al nuestro, desconocidos, o difíciles de descifrar y que su sonoridad es la que se toma en cuenta al momento de ser asignados. Por ahí vi la referencia a una persona que nombraron MERYCRISMA, hay que leerlo en voz alta para saber cuál es la referencia, y ni qué mencionar que parece que a un padre o madre le gustaban tanto las películas de espionaje que declararon a su hijo JAMES BOND CERO CERO SIETE, todo eso como nombre. A continuación la siguiente generación empezó a hacer combinaciones de nombres de los padres, los abuelos o vinculados. Algunas de estas combinaciones quedaron bonitas, pero otras eran fulminantes y algunas son hasta difíciles de mencionar: Facri (Franklin+Cristina), Juanagil, Judelca.

Hay que tener mucho cuidado a la hora de asignarle el nombre a los recién nacidos, pero también evitar asumir que una persona está condicionada en sus actuaciones por el nombre que ya lleva desde su nacimiento.  O quizás si. Todo es relativo, no es determinante, simplemente evitemos hacer suposiciones.




 

MANTRAS PERSONALIZADOS PARA LA VIDA

En la consulta al Diccionario de la Real Academia Española (RAE) sobre la palabra "Mantra", el resultado es: "En el hinduismo y en el budismo, sílabas, palabras o frases sagradas, generalmente en sánscrito, que se recitan durante el culto para invocar a la divinidad o como apoyo de la meditación". Su etimología, que viene del sánscrito, divide el vocablo "man", referido a la mente y el sufijo "tra", que es interpretado como instrumento, dando como resultado la definición de instrumento o herramienta mental, la cual es utilizada con características sonoras, como un cántico. Una palabra, una frase o toda una oración, que se repite especialmente en prácticas espirituales, para crear un impacto en el alma.

El primer reconocimiento de la palabra Mantra fue encontrado en el Rigveda, que es el instrumento más antiguo del Hinduismo. La Biblia indica en Mateo 6, versículo 7 y siguientes que debe tenerse cuidado con los Mantras, visto como la repetición insensata de palabras e indicando que Jesús motivó a que en su lugar se conversara con Dios. Y me parece que con el paso del tiempo la gente desvirtuó esa hermosa enseñanza de Jesús, de invitar al hábito de conversar con el Padre. Con la oración del Padrenuestro nos entregó un modelo de oración y solo hicimos repetirla, sin dejar espacio para esa conversación personal, íntima y profunda que debe tener cada persona con el Dios que habita dentro de sí.  Mucha gente repite las oraciones sin siquiera interiorizar sus emociones, su significado, convirtiéndola en aquello que se rechazaba de los mantras en principio, "la repetición insensata de palabras".

Por otro lado, puedo añadir que en su momento la reflexión formulada en el Evangelio de Mateo estuvo basada en una reflexión  muy limitada hacia el hinduismo, al referirse a los Mantras en esa forma. Hay que recordar que el lenguaje utilizado era el sánscrito, totalmente diferente a las lenguas utilizadas entre los judíos, que eran el arameo, el hebreo y el griego. !Por supuesto que podían verse como palabras sin sentido que se repetían! Sin embargo, estaban muy adelantados en su tiempo, porque entendieron desde el principio el efecto psicológico que produce la entonación de palabras o sílabas que se repiten y los estados de conciencia o calma mental que se puede alcanzar. 

Se han identificado mantras específicos para cierta meditación u objetivo, que al repetirlos elevan el estado de conciencia. También se habla de crear tu propio mantra, esa repetición, musicalización que te pueda enseñar un nivel de concentración y conexión especial.

Sin embargo, me quiero referir a algo más actual y cotidiano, vinculando el concepto de mantra a ciertas frases que adoptamos en nuestras vidas y terminan siendo guía para el accionar día a día, como apoyo y sostén. Desde hace un largo tiempo ya he adoptado Los Cuatro Acuerdos de Don Miguel Ruiz como Mantras para mi vida: me representan, me sostienen, me enseñan en todo momento, porque siempre se sigue aprendiendo o mejorando.

No los repito como si fueran un cántico de meditación, pero sostengo la reflexión en cada uno de ellos y con frecuencia surge alguna situación o momento que los trae a mi mente, refuerzan mis convicciones y me llevan a mencionarlos: 

1. Se impecable con tus palabras.
2. No te tomes nada personalmente.
3. No hagas suposiciones.
4. Haz siempre lo máximo que puedas.

Quizás sería mejor hablar de convicciones en vez de mantras, pero he visto como repitiendo alguna de ellas en momentos especiales y necesarios, puede hacer una diferencia al momento de actuar, tomar decisiones y sanar el espíritu. 

Todo está en reflexionar sobre eso que queremos cambiar, encontrar las palabras adecuadas y establecer un ritmo de repetición o meditación sobre ellas. 

Y luego estar atentos al impacto. 

Toma su tiempo, no se afianzan o se notan los resultados de la noche a la mañana o por un momento de repetición, pero se van evidenciando.


MUCHAS CABEZAS, MUCHOS MUNDOS

 "Cada uno de nosotros creamos un mundo entero en nuestra cabeza y vivimos en ese mundo".  
El Quinto Acuerdo, por Don José Ruiz.

Leyendo el libro citado, cuando me encontré con esa frase me detuve y después de entenderla como lección, empezaron a brillar lucecitas alrededor de mi propia cabeza, no porque había tenido un momento de elevación, claridad intelectual o espiritual, sino porque se me despertó la duda sobre qué estará pasando por la cabeza de algunos personajes muy peculiares y cómo podría ser ese mundo íntimo en el que se desenvuelven.

Cuando meditamos hacemos una visita imaginaria a otros lugares, pero en esta ocasion no me refiero a esos espacios, me quiero referir a los mundos que son creados a partir de estados de ánimo o de circunstancias en la vida, o quizás las cualidades individuales de cada persona, sin que exista un proceso de inducción a ese momento de meditación.  Por supuesto, primero me dediqué a definir el mio propio, los escenarios que se pueden construir en mi cabeza y ciertamente debo admitir que hay varias habitaciones disponibles de acuerdo a las circunstancias y el momento, hay varios mundos flotando en mi interior.  

Me llegó a la imaginación que para una persona que tenía edad adulta entre los años 60´s y principio de los 70´s,  en su cabeza (su mundo) habría suavidad, relajación, música, pintando todo a su alrededor de color de rosa, amor y paz. Puedo sospechar que la influencia de los alucinógenos, que es un elemento con el que se vincula al movimiento hippie de ese momento histórico, es un referente para suponer esa visión de las cosas.

Por otra parte, hay personas que viven discutiendo y quejándose por todo, pues me imagino que llevan su mundo interno entre truenos y relámpagos, en bruma, lloviendo, pero con calor, mirando solo el lado negativo de las cosas y complicando todo a su alrededor.

Estarán aquellos que podrían ser más creativos y colorear sus espacios con Animé, crear su avatar, que a lo mejor es un personaje completamente diferente a la realidad, no una caricatura, sino una figura diferente, estatura, contextura, color, incluso género opuesto al que tienen en esta realidad.

Haciendo el ejercicio de adentrarme en uno de mis mundos y detenerme en los detalles, recordé que en mayo del pasado año escribí  Remedios para Cuidar el Alma y describí una ciudad especial, que podría ser el lugar donde se ubica esta habitación maravillosa que voy a presentar a continuación.  

Está ubicada en la ladera de alguna montaña en una isla griega. Una terraza circular techada con paredes y cortinas blancas, con ventanas casi en su totalidad para tener la vista del mar azul desde prácticamente todos los ángulos, muebles de colores claros y muy acolchados que cubren todo el espacio, adornados con muchos cojines con lindos y coloridos diseños bordados en estilo hindú, con borlas e hilos dorados. Algunas mesas de poco espacio porque en algún lugar hay que colocar la taza del café o la copa y las picaderas, además de algunos jarrones con flores. En alguna esquina y de manera discreta, una bocina que reproduce una suave música de jazz, o quizás algún ritmo folclórico de la zona. Los libros están en los muebles, son los invitados y acompañantes de este lugar maravilloso, lleno de paz, de relajación, de iluminación.   Aún sigue estando en uno de mis mundos, en una fracción de mi cabeza que contiene elementos de esos que me representan, un refugio de sueños y felicidad.

Este ejercicio de imaginación me recuerda la canción Pájaros en la Cabeza, del cantante español Ismael Serrano, quizás no en el contexto que estoy compartiendo ahora, pero tiene esa referencia a los mundos que creamos en nuestra cabeza, ligado a los sueños, los deseos, quizás las frustraciones. 

Me gustaría proponer que seamos conscientes de la posibilidad de esos mundos alternos y hagamos el ejercicio de crearlos de manera intencional, colocando todos los elementos que nos hacen feliz, que nos llenan de risas, de sueños, provocar al Universo para que quizás exista la posibilidad de que puedan ser sacados de la cabeza y convertidos a otra realidad.


¿Y si volvemos a escribir cartas?

No es la primera vez que el tema se me enreda entre los dedos. Ya una vez escribí en este muro una carta a una amiga contándole algunas travesuras (No te olvides de escribirme!) y en otra ocasión también compartí unas líneas con reflexiones de varios días relatados en un diario (Querido Diario. Dos puntos.)

Y me entra nuevamente la nostalgia. De compartir notas, pero de una manera diferente a lo que actualmente se estila, con papel, tinta, dedos y sentimientos. Utilizar el sistema de correos. 


A veces escribo notas que coloco debajo de la almohada, como lo sugirió el escritor y poeta Jaime Sabines. Eso me acerca a llenar esos íntimos anhelos, porque me queda claro que eso de escribir cartas es un susurro en mi alma, uno que he tenido toda la vida.  

También he utilizado una página en línea que se llama FUTURE ME, donde me he escrito a mi misma una carta que me llegará en una fecha específica en el futuro. Y ciertamente fue emocionante recibirlo, excepto que fue un correo electrónico y fue diferente la emoción.

Me encanta la modernidad tecnológica, la posibilidad de estar siempre en contacto con los que no están cerca a través de las plataformas de comunicación, cualquiera de ellas que sea de su preferencia, incluso con las videollamadas, que hasta nos permiten tener un contacto en tiempo real y visual, pero es importante para mi este gusto "vintage". Pensándolo bien y haciendo el enlace, ahora entiendo por qué también me encantan las postales, es algo que busco cada vez que tengo la oportunidad de estar fuera del país o que pido a aquellos cercanos a mi que visitan otros países. 

Recuerdo que siempre tenía a mano una cajita con papeles y sobres decorados y llegué a enviar tarjetas de navidad a amigos y familares, una tradición que sostuve durante muchos años.

No sé si lo han sentido, pero hay una emoción especial en el momento en que se recibe una carta o una postal. El servicio de correos es muy utilizado en otros países y quizás pueda resultar algo normal y común, pero siento que aquí se ha perdido mucho de esa magia.

La parte difícil de escribir cartas y postales es que probablemente lo que pudieras escribir ya ha sido compartido a través del celular o en un correo electrónico. ¿Qué decir en papel cuando ya has podido escribirlo en un mensaje instantáneo? Lo pensé muy detenidamente y llegué a la siguiente respuesta: las expresiones de amor: las palabras que con frecuencia dejamos para decirlas después, en un momento especial, regularmente para los cumpleaños y días feriados.  

Y por ahí estoy aprovechando aquellas postales que me han traído de otros países o que yo misma he conseguido y en vez de guardarlas para que se pongan amarillas, las estoy compartiendo, expresando mis afectos y enviándolas por el buzón de correos, sin tiempo ni prisa. 

Si me mandas tu dirección es posible que recibas una linda postal en la puerta de tu casa.




Los placeres simples de la vida

Dejarse llevar por los placeres simples de la vida es una de esas lecciones  trascendentes de cada día, el reconocimiento de las cosas que son realmente importantes en la vida.  Los Daneses lo llaman Hygge y lo consideran un arte. La pandemia de COVID-19 nos hizo reflexionar sobre lo que realmente es valioso e importante, aquello que no puede obtenerse con dinero o por méritos, sino con afectos, con dedicación y empatía, desde el corazón.  El valor del tiempo dedicado a la familia y los amigos alcanzó un reconocimiento y dimensiones elevadas: abrazar, expresar el amor.

Seguro que ya muchos han identificado algunos de esos placeres de la vida que de forma natural son simples pero a la vez relevantes y hoy quiero compartir específicamente algunas ideas.

Comenzando con lo básico, aquello en  lo que todos están de acuerdo pero no se menciona de manera explícita, sino más bien reservada, como por ejemplo cuando podemos complacer la urgencia de ir al baño, ese momento en que finalmente y a tiempo podemos sentarnos, soltar y respirar profundo.

Un vaso de agua en un momento de mucha sed y calor resulta ser el alimento más rico del planeta, sin mencionar lo que podría provocar un vaso de aquel conocido refresco con mucho hielo, que hace agua a la boca y está vinculado a la frase aquella del desierto.  

Y continuando con el tema del calor que nos ataca, un baño refrescante para bajarle la temperatura al cuerpo sería un placer simple pero gratificante, sobre todo en un clima como el que estamos teniendo: puede ser una ducha, una manguera, un rio.

!!Qué grato es poder transitar una tarde sin encontrar entaponamientos en el camino o choferes ignorantes e irrespetuosos!!

Y si de comidas hablamos, la subjetividad y las experiencias marcan una diferencia entre las exigencias de unos y otros, pero en sentido general, las tradiciones y la cultura nos llevan al deleite de esos sabores que nos acompañan desde la niñez, no importa la condición social, los cuales siempre solían ser sencillos y fáciles.  

Podemos destacar aquellas picaderas que fueron parte de la merienda en las escuelas, sin tomar en cuenta a cual usted asistiera. No eran para platos elaborados, sino alimentos simples que permitieran satisfacer el hambre y permitieran continuar con la jornada escolar dejando recuerdos entrañables: bizcocho como aquel llamado "borracho" que llevaban en una bandeja, divido en cuadritos y que ahora llaman "red velvet"; o un helado casero presentado en fundita, especialmente el de batata con coco. Las gelatinas siguen siendo utilizadas con lo cual no pierden actualidad y más fáciles no pueden ser. Por supuesto no puedo dejar de mencionar el yaniqueque.

Acostarse  en una cama con sábanas límpias recién colocadas; el aroma del café recién colado y cuando finalmente lo puede saborear, la ricura en el paladar; el breve instante en que sentimos la humedad en los pies enterrados en la arena de la playa, con la vista en el horizonte azul, o si prefiere el aire frio de alguna zona de montaña, la posibilidad de recostarse en un mueble, arropado, con una taza de algo caliente o una copa en una mano y a lo mejor un libro en la otra, o el control de la TV listo para iniciar una serie. Quizás prefiera compartir ese momento con las personas que ama.

Piénselo. Haga su lista.  De seguro hay muchas cosas que realmente disfruta y que no tienen un costo comprometedor, no requieren un esfuerzo alto para obtenerlo y por el contrario, le proporcionarán ese momento de felicidad que andamos buscando y que en realidad es el verdadero concepto de vivir la vida.





Historias detrás de las imágenes

Voy leyendo y escuchando, pero sobre todo poniendo mi atención en los detalles.  A veces todo al mismo tiempo y en ocasiones agregando otros sentidos más. 

Inicialmente por curiosidad y luego porque desde hace un tiempo atrás hice consciencia de las formas en que se activa en mi la curiosidad y la creatividad. 


En una lectura digital encontré un artículo que me pareció atractivo y divertido. La idea no es nueva, la forma en que se presenta tampoco, pero en su momento logró su objetivo, llevándome a imaginar.  Se trata del fotógrafo holandés Iwan Baan que cuenta historias captadas con su cámara y relacionadas con la arquitectura, resaltando que no importa la luz o el color al momento de tomar las fotos, sino de todo el contexto, de lo que quieren destacar los constructores cuando crean espacios y de cómo se va definiendo todo el entorno, además, de lo que se descubre en una naturaleza que aparentemente no refleja nada especial, pero que permite encontrar detalles ocultos.  

Baan trae nuevas miradas, nuevas edificaciones, desde las construcciones simples hasta aquellas que están diseñadas con todo el detalle. 

Por mucho tiempo así fue el caso de los círculos en los cultivos de maíz en Inglaterra, o las líneas de Nazca en Perú, patrones dibujados en tierra que no fueron realmente reconocidos hasta que no se visualizaron desde el aire.  

Confieso que tengo preferencia por libros y programas de televisión que muestran detalles de la vida cotidiana de las personas en su contexto, de la "vida real" como solía decir mi amiga Glevin muchos años atrás, y es por esto que el artículo llamó aún más mi atención, me hizo consciente de que es un ejercicio que hago con frecuencia, ver el entorno e imaginar la vida de las personas que están ubicadas allí. 

Hace mucho leí un libro que me gustó mucho en todo su contexto pero lo que me resultó más impactante fueron los detalles cotidianos que conformaron la vida de ese maravilloso personaje, su familia, las tradiciones, la época, y, aunque es una novela, las informaciones mostradas fueron rigurosamente investigadas y en casi su totalidad estuvo basada en elementos reales. Escrito por Juan Arias, el libro se llama "Jesús, ese Gran Desconocido".  Para mi fue impresionante visualizar, según la descripción, cómo era el patio, la habitación principal que todos compartían, las comidas, las actividades que realizaba durante el día en su niñez o en su juventud, la hora de dormir, sus inquietudes antes de rendirse por completo a la misión que debía realizar. 

Y en cada libro que leo voy sumergiéndome en las escenas, reconociendo los espacios, olores, sabores, sintiendo el calor o la brisa, tratando de revivir las emociones de los personajes en su contexto.  

Así me pasó cuando leí el libro "Como agua para chocolate" de Laura Esquivel, el cual recuerdo casi cada vez que estoy frente a la estufa.  En la lectura, cuando ella empezaba a mezclar ingredientes, especias, combinando sabores con emociones, sentía que podía olerlos y saborearlos también.  Desde ese momento procuro ser consciente al momento de cocinar de que no solamente estamos poniendo ingredientes en la olla, sino que también estamos transmitiendo sensaciones, y procuro que sólo amor y buenos deseos vayan al fuego a través de mis manos, uniéndose e impregnándose con el movimiento del cucharón. 

Indudablemente estoy contagiada de ese maravilloso realismo mágico de la escritura latinoamericana.  Entendí que de esto es que se trata, dejarse envolver, ser lector y protagonista, ver las fotos de Baan y entender los espacios, viajar por épocas y culturas que son compartidas en cada historia.  

Es un ejercicio interesante que invito a practicar, integrar todos los detalles del entorno en nuestra vida cotidiana, entenderlos y ser parte de su contexto, no solo ver el vaivén de las olas del mar, sino contagiarse de su ritmo, llevar frescura a la arena que se encuentra en la orilla de la playa.


TRATANDO DE LEER SU MENTE

Recientemente los algoritmos me han inundado las redes que utilizo con videos de mascotas y sus expresiones ante situaciones o palabras y me...